jueves, 7 de octubre de 2010

Segunda Carta Neoteista a un Sátrapa





Vendredi. Ensayo un saludo políglota que combine con el color de tus ojos.

(Esta vez va en botella de ron. Quizá la próxima carta viaje en una de caña Legui: no quiero recibir miradas de reojo ni ser tildada como traidora a la patria).

Creo que el invierno se dispone a abandonar estas tierras. ¿Embotellar la niebla del riachuelo? No. Ni lo sueñes, camarada. Sé de alguien que lo intentó… La niebla se le metió por los poros hasta llegarle al alma. Y ya sabemos lo que les pasa a las almas aniebladas.

La semana pasada visité a los patafísicos de Florida y Diagonal Norte. Todos Sátrapas de primerísima línea que me confirmaron lo que siempre hemos sospechado:


Estuvimos muy cerca (se nota en las arrugas de tus costas y las mías) hasta que el llanto de los tiranosaurios abrió esta brecha acuosa que llaman océano.

¿Habrá sido dios (mostrando signos humanos) el que provocó estos tajos en la cara de la tierra?

Uf. Si de dioses hablamos, el Raise Borer Strata 950 recibe, a diario, cientos de súplicas. A setecientos metros de la libertad, ellos, los treinta y tres que juntaban (cuando la montaña aún no se había quejado) pedacitos de plata y cobre para la fondeu de la reina, esperan.

Busco en mi memoria algún pasaje, más o menos creíble, del por qué todos separados.

“Ateo, gracias a Dios” dijo el hijo del ferretero mientras acariciaba el ojito de Simone Mareuil.

“Soy la voz que clama en el desierto” dijo la cabeza de Juan.

Y más. Convertido en precursor de dios (rojo Kandinsky en su cresta al viento), al gallo del coronel, le tiembla el buche vacío al escuchar la palabra “Mierda”…

Camarada… Camarada…

Quedé de este lado, camarada. Piedras talladas, nuestras bibliotecas- lejos, la voz de Cesar diciendo “Déjala arder. Es una memoria llena de infamias”-. No hay blasones ni palacios. Fuego, sí. Fuego, hay. Y pobreza (esta es igual en todas partes)
Museo de cacharros y collares y trapos viejos y momias y polillas. Y un cuento mágico. O varios. Ovarios de la Pachamama que fueron saqueados por los dueños de los mapas. Melancolía de siku… y yo deseando ser pandereta.

Se me ocurre que, en otra vida, podríamos ser geógrafos y diseñar el mundo a nuestro antojo. Evitaríamos grandes males…

En fin. Dios dirá.

P.D: el próximo mensaje será con sombras, casi un Rembrandt a media voz.


Jota